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El Boliche - Historia

Historia del Boliche Balderrama

El boliche “Balderrama” nace en Salta (Provincia del Noroeste argentino) en el año 1953, de la mano de los hermanos Juan, Daria y Celestino Balderrama, como un almacén de Ramos Generales, en donde además, se vendían bebidas típicas de la región (aloja de maíz, de algarroba, chicha, como así también productos regionales de Bolivia y hojas de coca).

Luego comenzaron a frecuentar el lugar – en épocas de carnaval – las comparsas que antes de ir a desfilar al corso pasaron por el Boliche a comer y tomar algo; sus integrantes aprovecharon la oportunidad para hablar, hacer amistades y también bailar.

Al cabo de unos años, comenzó a funcionar la Picantería Balderrama ubicada entonces en la esquina de Corrientes (hoy San Martín) e Ituzaingo, a unos metros del mercado San Miguel; se dedicaba a la venta de comidas (locro, picante de pollo, de lengua, de panza, de conejo, de cordero, de suyo y empanadas) a la gente que venia a realizar compras al mercado San Miguel, provinentes de las localidades del interior de la Provincia, cercanas a la ciudad de Salta.

A la Picantería comienza a llegar gente de la talla de Juan Carlos Dávalos, Eduardo Falú, César Perdiguero, que se va acrecentando con el paso de los años, cuando la presencia de poetas y cantores le confiere las características propias de un Boliche. Por el año 1956, el boliche se traslada a la esquina de San Martín y Esteco, convirtiéndose en el “refugio de los poetas”; se agregan a la concurrencia, gente del ambiente artístico como músicos, poetas y pintores, entre los cuales pueden mensionarse el “Cuchi” Leguizamón, Jaime Dávalos, Villegas, Sato, Manuel J. Castilla, Hugo Aparicio, Díaz Bavio, entre otros, que se quedaban hasta la madrugada componiendo música, escribiendo poemas o pintando las paredes, ambiente que se le servia de inspiración y reunión.

Estas expresiones artísticas fueron manifestándose cada vez mas hasta que se hizo necesario contar con un pequeño escenario y un micrófono para que los concurrentes cantar sus canciones o recitar sus versos.

Sin embargo, toda esta vida en cierto modo, tranquila, tuvo un giro brusco e inesperado, cuando una noche, Manuel J. Castilla le dijo a Juan Balderrama que se pasaba tan bien en el boliche, que le iba a hacer una zamba, pero concretar ese deseo demoro mas de lo que se esperaba, dos años trascurrieron hasta obtener la rima y la síntesis perfecta.

Cuando estuvo lista, se la dio al “Cuchi” Leguiszamón para que le pusiera la música. Y después, ya nada fue igual, cambio hasta la clientela, el ambiente se volvió mas bohemio; como colorarlo de ello, cuando la zamba fue cantada por Mercedes Sosa, la fama del boliche se difundió por todo el país.

Algo más de 60 años pasaron ya desde su nacimiento y el Boliche Balderrama es conocido tanto a nivel nacional como internacional, ya que concurren visitantes de diversos lugares durante todo el año y artistas de reconocida trayectoria quienes renuevan permanentemente el espectáculo. Hoy podemos afirmar que Balderrama es el apellido del folclore.  

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